Nelly Cuenca de Ramírez: En el país se inició una etapa compleja - Entorno y +

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domingo, 8 de febrero de 2026

Nelly Cuenca de Ramírez: En el país se inició una etapa compleja

La abogada, trabajadora social, especialista en resolución de conflictos, destaca que en Venezuela vivimos un momento de inflexión histórica.  


Dra. Nelly Cuenca de Ramírez. 

Como colaboradora especial de la Academia de Ciencias Políticas y Jurídicas, la doctora Cuenca afirma que los hechos recientes de nuestro país, que han activado mecanismos de justicia fuera de nuestras fronteras, no deben entenderse solo como el cierre de un ciclo, sino como el inicio de una etapa compleja, marcada por la incertidumbre, fracturas sociales latentes, miedos legítimos y una polaridad que ha atravesado generaciones. 

Hoy no se trata de buscar culpables, sino de identificar las necesidades humanas insatisfechas que subyacen tras las posiciones de cada quien. 

A continuación el discurso ofrecido por la doctora Cuenca de Ramírez ante la Academia de Ciencias Políticas y Jurídicas con motivo de su juramentación como Colaboradora Especial en representación del estado Lara,  Caracas 03 de febrero de 2026. 


Señoras y señores, presentes hoy en esta prestigiosa Academia de Ciencias Políticas y Sociales, agradezco profundamente a su ilustre Directiva, presidida por el Dr. Rafael Badell, a sus Individuos de Número, Miembros Correspondientes Extranjeros, Colaboradores Especiales y a todo su personal, por invitarme a formar parte de esta prestigiosa Academia. 

Gracias a quienes hoy nos acompañan en este acto solemne: a nuestras familias y amigos, a los representantes institucionales, a los medios de comunicación y a todos los invitados. 

Gracias a Dios, por darme la oportunidad de servirle desde esta Academia. 

Hoy comparezco ante ustedes a juramentarme como Colaboradora Especial, muy orgullosa por representar al estado Lara, vivo en su capital, Barquisimeto, la Ciudad musical y de los crepúsculos. Allí comparto mi vida con mi excepcional esposo barquisimetano, cultor de la música y de la amistad, Alfredo Ramírez Torres, desde hace 53 años, y allí nacieron mis dos hijos: Alfredo y María Alejandra, a quienes, hace más de 20 años, Dios llevó más allá de nuestras fronteras: hoy mi hijo es un ciudadano venezolano-estadounidense y mi hija, venezolana-española. 

 Nací en el estado Zulia, en una familia humilde y trabajadora, formada por un padre y una madre que, sin ser profesionales, vivieron con sabiduría y sembraron en mí valores de solidaridad, unión, respeto en la diversidad y me motivaron a estudiar con alegría, disciplina y pasión. 

 Somos catorce hermanos, y eso es un privilegio, me hace muy feliz. Me honra ser la mayor. Soy Trabajadora Social, Mediadora y Abogada, y desde esos tres enfoques me he comprometido con el ejercicio del Derecho como un tejido vivo de esperanzas. 

Un tejido que en Venezuela muestra hoy roturas dolorosas, hilos sueltos de convivencia y una urgencia profunda de sanación. Mi compromiso con esta Academia es simple en su formulación, pero complejo en su ejecución: contribuir, desde mi especificidad, no desde la confrontación, sino desde el espacio silencioso y transformador de la resolución pacífica de conflictos, como abogada, como trabajadora social y como mediadora. 

 En ello me ayuda mi condición de miembro del Comité de Dirección del Foro Mundial de Mediación, domiciliado en España y ser su representante para Venezuela. También mi experiencia como proyectista, fundadora y docente, del Centro de Resolución de 1 Conflictos del Colegio de Abogados del estado Lara, creado jurídicamente en el 2001, hace 25 años. 

 Vivimos un momento de inflexión histórica. Los hechos recientes que han activado mecanismos de justicia fuera de nuestras fronteras no deben entenderse solo como el cierre de un ciclo, sino como el inicio de una etapa compleja, marcada por incertidumbre, fracturas sociales latentes, miedos legítimos y una polaridad que ha atravesado generaciones. 

Es el retrato de una transición con luces y sombras, avances y retrocesos, certezas y muchos puntos ciegos. En este contexto me pregunto ¿qué necesidades puedo satisfacer desde mi especificidad?

 Buscando respuestas, recordé una pregunta que planteó el director de mediación del Banco Mundial, Camilo Azcárate, en el Congreso Internacional de Mediación, en Singapur, en el año 2009: Allí nos preguntó: ¿Cuáles son las necesidades sociales que los profesionales de la resolución de conflictos estamos llamados a satisfacer? 

Hoy, en Venezuela, la respuesta a esa pregunta, es un gran reto. He aprendido que no se trata de imponer verdades, sino de escuchar la verdad de cada quien, aunque no la comparta. No se trata de buscar culpables, sino de identificar las necesidades humanas insatisfechas que subyacen tras las posiciones de cada quien. 

 Los profesionales de la resolución pacífica de conflictos podemos: 

1. Gestionar constructivamente procesos de negociación, mediación y conciliación 

2. Liderar procesos de paz, que pudieran parecer improbables 

3. Practicar la comunicación no violenta y la compasión, para construir confianza y consensos 

4. Transformar la interacción humana desde el reconocimiento del otro y la revalorización propia 

5. Generar narrativas alternativas del conflicto 

6. Gestionar constructivamente la presión óptima y los costos de salida del conflicto y la violencia 

 7. Promover acuerdos de buena fe 

8. Colaborar en el diseño y ejecución de marcos de justicia transicional basados en verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición 

9. Trabajar en propuestas de justicia restaurativa y reparación del tejido social, con especial atención a los presos políticos y sus familias 2 

10. Formar líderes para la paz en comunidades, medios de comunicación, educación y función pública. 

11. Anticipar la violencia y proponer intervenciones tempranas. 

Porque la paz no es la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia. 

12. Un abogado mediador es un sensor de conflictos 

Desde esta Academia, asumo el compromiso de poner estas competencias a su servicio para la humanidad, señoras y señores, no traigo fórmulas mágicas. 

Traigo sí, una convicción: y es la seguridad de que aún en el conflicto más agudo existe un interés común: no seguir destruyéndonos. 

Mi tarea es ayudar a encontrar ese resquicio para no destruirnos. En este momento de vértigo nacional, la Academia puede ser el taller de lo que Venezuela puede llegar a ser. 

 Mucho haríamos si nos convertimos en ese artesano paciente que ayude a recomponer la vasija rota, entendiendo que cada fragmento es parte indispensable de la nueva vasija. 

Me comprometo a ser una artesana más al servicio de esta Academia, para contribuir, desde la ciencia y la conciencia, a que Venezuela inicie el camino hacia una paz digna y duradera para todos. 

Muchas gracias. 


Dra. Nelly Cuenca de Ramírez.



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